Educación Moral y Cívica – por Andrea Lages

En mis primeros años de escuela, uno de mis materiales favoritos se llamaba Educación Moral y Cívica.

Dependiendo de la época en que cada lector vivió su infancia, sabrá a qué me refiero.

Para los que no conocen, la E.M.C. era una materia formal y obligatoria en las escuelas, que tenía como objetivo ayudar a formar buenos ciudadanos, los cuales conocían sus deberes y derechos.

Pero este objetivo sólo descubrí recientemente, en aquella época jamás me ocurrió el significado literal de estas palabras, yo simplemente adoraba pintar los dibujos de las historietas de cómic, la bandera de Brasil, y conversar acerca de hechos cotidianos de mi ciudad y padres. ¡Eso era mucho más agradable que decorar la tabla o aprender acerca de cosas que habían ocurrido y dejado de suceder cientos de años antes de que yo existiera!

Otro día, volviendo en coche a mi casa aquí en Londres, observaba a las personas atravesando la calle frente a mí, y pensaba… ¿cómo los valores morales de una cultura o región se reflejan directamente en la realidad cotidiana de toda una nación?

Y pensé en todos los países en que ya estuve, que son decenas de ellos, y en culturas de manera general, y cómo queda claro percibir cuáles son aquellos valores establecidos fuertemente desde la cuna, en aquella cultura de la cual esa persona hizo y de la que forma parte.

Una encuesta de IVH (Índice de Valor Humano) realizada por la ONU (Organización de las Naciones Unidas) mostró que en la opinión de los brasileños, de forma general, lo que es necesario cambiar en Brasil para la calidad de vida mejorar de verdad es en primer lugar, la educación, seguida de política pública, violencia, valores morales y empleo. En el Estado de São Paulo hubo una variación en relación a la opinión nacional, quedando valores morales en primer lugar.

Muy probablemente, si la misma encuesta se hiciera en Inglaterra o en cualquier otro país, el resultado sería otro.

Y ahí me ocurrió: Eso vale no sólo para países, sino para cada una de las familias y los ciudadanos.

Si paramos para pensar, veremos claramente cómo los valores que vivimos (o no) en nuestra casa, influyen en nuestra vida de manera general.

En particular, tengo dos valores muy fuertes e inquebrantables, uno es el respeto, el otro la honestidad.

No puedo imaginar una vida satisfactoria feliz sin la presencia de uno de estos dos valores.

Y analizando mi realidad, veo como todos en mi casa, también adoptaron los mismos valores orientadores, así como yo adopté los valores de los demás miembros de mi familia.

Y en eso pensaba cuando observaba a las personas atravesando la calle… en la tranquilidad en que estaba sintiendo, parada en el semáforo, con el cristal abierto, y ni siquiera pensando en chequear el espejito para asegurarme de que nadie se estaba acercando para asaltarme. Y todos alrededor estaban actuando de la misma manera.

El niño que aparecía tener unos 10 años atravesando la calle solo, con su mochila de escuela, hablando en un iPhone, el ejecutivo con su mochila en la espalda, la cual no intentaba disfrazar la presencia de un ordenador portátil, y el viejito, que atravesaba la calle tranquilamente con su bengala, sin ser atropellado por los otros peatones y sin preocuparse de terminar de cruzar rápidamente, por si la señal verde se quedara roja para él.

Y percibí la razón principal de amar a Londres, es porque las personas y sus valores, construyen una nación y (independientemente del clima meteorológico), construyen la calidad de la vida que poseen. (No me refiero sólo a Londres, pero mencionando lo que yo observaba mientras pensaba a este respecto. Claro que amo mucho a Brasil, sin embargo, por razones diferentes.).

¡Nuestros valores construyen nuestra realidad, siempre y cuando seamos congruentes con ellos!

Al final, ¿de qué sirve valorar la educación si usted muere de pereza de leer un libro?

¿O la honestidad si usted se siente feliz cuando recibe un cambio más y no considera devolver la diferencia a la caja de la tienda?

Volviendo a la educación moral y cívica, y sabiendo que ya no es materia obligatoria en las escuelas, ¿qué cada uno de nosotros puede hacer para incorporarla en nuestra rutina para así contribuir a una sociedad más moral y cívicamente satisfactoria?

Para saber más sobre los entrenamientos de Andrea Lages en Brasil, por favor envíe un email a info@lambent.com